
Partió con un palito y una tela en la punta. Tela que envolvía lo necesario para escapar de los ojos... ojos impacientes, asesinos de lo propio.
Salió por atrás, tratando de ser sigiloso.
Entro en un bosque oscuro, pero sabia que los ojos siempre iban a estar. Algo le decía que tenia que intentar salir. Evitarlos.
Invisibles, ellos se hacían presentes, todo lo veían, todo lo arruinaban.
Cerro los ojos, y durmió.
Despertó, y los pudo ver. Se extendían como extremidades de su cuerpos. Eran infinitos y salían de todo su ser, lo cubrían, azules, negros.
Ya no se podía mover. Estaba atrapado por ellos. Solo se hacen presentes cuando los pueden ver. Y asfixian, esta vez de manera literal al sujeto. Ya no su alma sino su cuerpo.